¿Por qué Leticia Dolera debería ser contratada por los servicios de salud mental?

¿Por qué Leticia Dolera debería ser contratada por los servicios de salud mental?

Porque con Pubertat ha hecho algo que rara vez consigue la ficción: reparar sin ocultar la herida.

DOLERA - Psiquiatra infantil y adolescente

Pubertat es de esas ficciones que hacen algo más que entretener: acompañan. Dolera consigue algo muy difícil en formato serie: mirar el consentimiento, los riesgos, la amistad, el silencio y la vulnerabilidad sin morbo, sin simplificar y sin juzgar. Y eso, en salud mental, es muy valioso.

Pubertat, arranca con una denuncia de agresión sexual entre adolescentes. Dolera lo cuenta sin morbo porque lo importante no es el plano explícito, sino lo que desencadena: el silencio, los límites desdibujados, la incomodidad de los adultos, la mochila emocional de cada adolescente y la complejidad de un consentimiento que a menudo ni los adultos sabemos nombrar. Y no se queda en el trauma: apunta a la resiliencia, al vínculo que sostiene y permite reparar. Lo hace a través de la comunidad de castellers, una metáfora preciosa de lo que tantos adolescentes necesitan: alguien abajo para sujetarte, alguien arriba que confíe en ti, y un grupo que te ayuda a levantarte cuando te caes.

Dolera construye un relato que cura un poquito porque respeta los tiempos, evita el sensacionalismo y permite que los personajes crezcan sin castigo ni caricatura.

En un momento en el que la adolescencia suele presentarse desde la alarma, Pubertat ofrece algo radicalmente distinto: comprensión, humanidad y verdad.

Por eso pienso que Leticia Dolera habría encajado de maravilla en un equipo de salud mental: porque escucha, contextualiza, no juzga y muestra caminos de reparación.


Y justo aquí aparece algo que pocas ficciones se atreven a abordar con tanta claridad: la justicia reparativa. La idea de que, cuando hay daño, no basta con señalar culpables; hay que reconstruir, escuchar a quien ha sufrido y también responsabilizar (de verdad, no de forma punitiva) a quien ha causado el daño. Ofrecer posibilidades de reparación, no de expulsión.

Ese enfoque final no solo es valiente: es profundamente clínico, profundamente humano.

Y hoy, es imprescindible.

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