Autolesiones en adolescentes:  6 claves para entender antes de alarmarse

Autolesiones en adolescentes: 6 claves para entender antes de alarmarse

Autolesiones en adolescentes: una señal de sufrimiento que necesita escucha

Las autolesiones en adolescentes preocupan cada vez más a familias, docentes y profesionales sanitarios. Y con razón. No porque debamos mirar a los adolescentes desde el miedo, sino porque estas conductas nos hablan de algo que no siempre estamos sabiendo detectar a tiempo: sufrimiento emocional, dificultades para regular lo que sienten y una enorme soledad en momentos de malestar intenso.

Hoy me ha sorprendido una reciente noticia publicada en El Confidencial   que aborda este tema, recogiendo el trabajo de varios profesionales de diferentes disciplinas, así como la mirada clínica desde la psiquiatría infantil y adolescente y algunas afirmaciones que he transmitido en foros profesionales, en redes y en mi libro Solo necesito que me aceptes  de RBA Editorial. 

El artículo recuerda algunos datos importantes: las autolesiones no son un fenómeno anecdótico, no afectan solo a chicas y no siempre se expresan de la forma que los adultos imaginan. (elconfidencial.com)

Durante mucho tiempo hemos asociado la autolesión casi exclusivamente al corte visible. Sin embargo, muchas conductas autolesivas pasan desapercibidas y son menos visibles.

A veces no se detectan porque no dejan marcas evidentes. Otras veces porque el propio adolescente las oculta, no tanto por manipulación, sino por vergüenza, miedo o incapacidad para explicar lo que le ocurre.

No siempre es un intento de suicidio

Uno de los aspectos más importantes y el más complejo, es diferenciar la autolesión no suicida de la conducta suicida. Ambas pueden relacionarse y ambas deben tomarse en serio, pero no son lo mismo.

Este tema ya me preocupaba durante mi primer año como psiquiatra interna residente, cuando con mis compañeros de residencia elaboramos un estudio de investigación sobre el perfil de personas que atendíamos durante las guardias con conductas autolesivas. Gracias a las  184 personas que generosamente, en un momento de gran malestar, dedicaron tiempo a responder a nuestros cuestionarios. ya desde el año 2001 dedico parte de mi tiempo a intentar entender y conocer la naturaleza de estas conductas, con la intención de poder prevenirlas.

Muchos adolescentes que se autolesionan no quieren morir. Lo que buscan, en ese momento, es dejar de sentir como están sintiendo. La autolesión puede funcionar en parte como una vía rápida, aunque dañina, de alivio emocional. Para quien mira desde fuera, la conducta puede resultar incomprensible o aterradora. Para quien la realiza, puede vivirse como una forma desesperada de bajar la intensidad de la angustia.

Por eso, la primera respuesta adulta no debería ser el reproche ni el interrogatorio impulsivo. Tampoco minimizarlo. La pregunta clave no es solo “¿por qué te has hecho esto?”, sino: “¿qué estabas sintiendo que se volvió insoportable?”

Qué pueden hacer las familias

Cuando una familia descubre que su hijo o hija se autolesiona, es normal sentir miedo. Pero el modo de responder importa mucho.

Algunas claves útiles:

  • Mantener la calma en la medida de lo posible.

  • No ridiculizar, culpabilizar ni convertirlo en una amenaza.

  • Evitar frases como “lo haces para llamar la atención”.

  • Preguntar con cuidado por ideación suicida.

  • Buscar ayuda profesional si la conducta se repite, aumenta o aparece asociada a depresión, aislamiento, trastornos alimentarios, ansiedad intensa o consumo de sustancias.

  • Revisar también el contexto: sueño, relaciones, acoso, redes sociales, presión académica, conflictos familiares o exposición a contenidos dañinos.

Las autolesiones no aparecen en el vacío. Suelen formar parte de una historia más amplia de malestar emocional, dificultades relacionales o sensación de no poder más.

Salud mental adolescente: más prevención y menos dramatismo

Hablar de autolesiones en adolescentes exige responsabilidad. El alarmismo puede asustar a las familias y aumentar el estigma. El silencio, en cambio, deja solos a los adolescentes.  Necesitamos con urgencia una conversación pública más madura sobre salud mental adolescente: con datos, con sensibilidad y sin simplificaciones.

También necesitamos recursos accesibles, prevención en los centros educativos, formación para familias y profesionales, y circuitos asistenciales que no lleguen siempre tarde, cuando la urgencia ya ha estallado. Las autolesiones son una señal. No una etiqueta. No una sentencia. No una búsqueda caprichosa de atención. Son, muchas veces, una forma de decir con el cuerpo lo que todavía no se puede decir con palabras.

Y ahí empieza nuestra responsabilidad adulta: mirar, escuchar y acompañar antes de que el sufrimiento tenga que hacerse visible en la piel.

NOTA:  Agradezco que los medios se interesen por la salud mental adolescente. Necesitamos hablar de autolesiones, sufrimiento, pantallas, familias y prevención. Pero cada vez tengo más clara una cosa: cuando una voz profesional entra en el espacio público, el relato empieza a circular por lugares que ya no controlas del todo. Una frase de una entrevista, una idea de un libro o una intervención en un foro pueden aparecer después en otro contexto, con otro ritmo y otro encuadre. Y eso nos obliga a pensar. En salud mental, más aún cuando hablamos de infancia y adolescencia, comunicar no es solo contar de forma que interese. También es contextualizar, citar con cuidado, evitar escenas innecesarias y preservar los matices. No necesitamos dramatismo. Necesitamos rigor, sensibilidad y responsabilidad compartida.

 

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