En el final de la vida: fe, espiritualidad y el deseo de trascender

IMG 3106 - Psiquiatra infantil y adolescenteÚltimamente hemos despedido a varias personas.

Cada una distinta, cada una dejando algo que sigue resonando.
Y me quedo pensando en cómo la fe o la espiritualidad pueden ayudarnos a mirar la muerte sin miedo, como parte de la vida y no solo como su final. 

En el final de la vida no solo se apaga algo: también se ve lo que fuimos.
La vida entera se condensa en gestos pequeños: los afectos que dimos, las enseñanzas que dejamos, el modo en que hicimos el mundo un poco más habitable.
La fe puede ofrecer consuelo, promesa, continuidad.
La espiritualidad nos invita a reconciliarnos con lo vivido, a reconocer la trascendencia de una vida aunque no creamos en nada más allá. Porque cada acto de bondad, cada palabra que alivió, cada presencia que sostuvo, sigue viva en quienes nos recuerdan.

Acompañar el final, como profesional, familiar o persona, exige más presencia que respuestas. 

Morir, tal vez, no sea desaparecer, sino dejar que la vida siga su curso a través de otros.

Y cuando llegue mi momento, entenderé que me lloren quienes me quieren, pero deseo que me celebren: que se reúnan, que rían, que se abracen.
Que sentir que me conocieron haya sido, de algún modo, motivo de fiesta.
Porque quizás eso sea la verdadera espiritualidad: trascender a través del amor, de lo que enseñamos, de lo que inspiramos.

Nota: Este texto nace de los últimos adioses que me ha tocado acompañar. Ojalá aprendamos a hablar de la muerte no para temerla, sino para vivir con más consciencia y gratitud.

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