Adolescentes, malestar emocional y pantallas: ¿una generación sedada?

Adolescentes, malestar emocional y pantallas: ¿una generación sedada?

 

Generación sedada

Adolescentes, malestar emocional y pantallas: ¿una generación sedada?

En los últimos años se ha hablado mucho del aumento del malestar emocional en adolescentes. Ansiedad, tristeza, irritabilidad, problemas de sueño, autolesiones, aislamiento, consumo de contenidos digitales o dificultades para tolerar la frustración forman parte de una realidad que preocupa a familias, docentes y profesionales de la salud mental.

En una entrevista reciente publicada en ¡HOLA! Padres, reflexiono sobre el término “generación sedada” y sobre algunos de los riesgos de simplificar una situación que es mucho más compleja. El artículo, firmado por Elena Villegas, analiza cómo muchos adolescentes viven conectados, hiperestimulados y, al mismo tiempo, cada vez más apagados emocionalmente. (¡HOLA!)

No es solo una generación: es una sociedad con dificultad para tolerar el malestar

Hablar de “generación sedada” puede resultar llamativo, pero también puede quedarse corto. No estamos únicamente ante adolescentes que buscan anestesiarse. Estamos ante una sociedad que, en general, tolera cada vez peor el malestar.

La tristeza, el aburrimiento, la frustración o la ansiedad forman parte de la vida. El problema aparece cuando intentamos apagarlas de forma inmediata: con pantallas, redes sociales, videojuegos, compras compulsivas, consumo de sustancias, conductas de riesgo o en algunos casos medicación mal indicada.

La cuestión no es culpabilizar a los adolescentes. Ellos están creciendo en un entorno que les ofrece alivio rápido, estímulos constantes y pocas oportunidades reales para parar, aburrirse, esperar, frustrarse y elaborar lo que sienten.

Crianza desde el miedo: proteger no es evitarlo todo

Muchas familias están criando desde el miedo. Miedo a que sus hijos sufran, se equivoquen, se frustren, fracasen o se sientan excluidos. Es un miedo comprensible, porque vivimos en una sociedad exigente, competitiva y muy expuesta.

Pero acompañar emocionalmente no significa retirar todos los obstáculos del camino.

Los niños y adolescentes necesitan desarrollar tolerancia al malestar, capacidad de espera, autonomía y recursos internos para afrontar dificultades. Esto no implica volver a modelos educativos duros o poco sensibles. Al contrario: necesitamos una crianza con más presencia, más conexión emocional y más capacidad de sostener límites.

El reto está en acompañar sin invadir, proteger sin sobreproteger y estar disponibles sin transmitirles, sin querer, que no van a poder solos.

No todo malestar es un trastorno, pero tampoco debemos llegar tarde

Uno de los debates más importantes en salud mental adolescente es cómo diferenciar el malestar esperable de la adolescencia de un problema de salud mental que requiere ayuda profesional.

No todo sufrimiento es patológico. La adolescencia implica cambios, inseguridad, intensidad emocional, crisis, búsqueda de identidad y momentos de frustración. Pretender eliminar cualquier incomodidad sería poco realista y, probablemente, poco saludable.

Pero tampoco debemos banalizar el sufrimiento diciendo que “son cosas de la edad”. Cuando el malestar es persistente, interfiere en el sueño, el rendimiento académico, las relaciones, la alimentación, la vida familiar o la capacidad de disfrutar conviene pedir ayuda.

A veces el riesgo no está en sobrediagnosticar, sino en llegar tarde.

Psicofármacos en adolescentes: prudencia, no prejuicio

El uso de psicofármacos en menores exige una valoración rigurosa y especializada. Hay tratamientos necesarios y útiles, y demonizar toda medicación puede ser un error. Pero también es importante recordar que un fármaco no debe sustituir una intervención integral.

En adolescentes, la medicación puede aliviar síntomas, pero no resuelve por sí sola el origen del malestar. Es necesario valorar hábitos, descanso, dinámica familiar, entorno escolar, uso de pantallas, vínculos, psicoterapia y recursos de regulación emocional.

Especialmente con ansiolíticos, la prudencia es fundamental. Pueden tener riesgos si se utilizan sin un plan clínico claro o como respuesta rápida a problemas complejos.

Una mirada de esperanza

La adolescencia es una etapa de vulnerabilidad, pero también de enorme plasticidad. Detectar precozmente las dificultades, fortalecer vínculos, mejorar hábitos, acompañar emocionalmente y ofrecer intervenciones adecuadas puede cambiar la trayectoria del desarrollo.

No se trata de eliminar todas las emociones negativas. Se trata de ayudar a los adolescentes a comprender lo que sienten, regularse mejor, pedir ayuda cuando lo necesitan y construir recursos para la vida.

La prevención en salud mental infantojuvenil empieza mucho antes de la urgencia: empieza en la escucha, en los vínculos, en los límites, en el descanso, en el buen uso de la tecnología y en una mirada adulta capaz de acompañar sin dramatizar y sin mirar hacia otro lado.

Puedes leer la entrevista completa en ¡HOLA! Padres:
“Dra. Abigail Huertas, psiquiatra, sobre la ‘generación sedada’: Muchos padres están criando a sus hijos desde el miedo”

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