Reflexiones tras mi intervención en las V Jornadas “Mens Sana In Corpore Sano” hablando sobre salud mental adolescente

Reflexiones tras mi intervención en las V Jornadas “Mens Sana In Corpore Sano” hablando sobre salud mental adolescente

La semana pasada tuve el honor de participar en las V Jornadas de Actualización Clínica en Psiquiatría Mens Sana In Corpore Sano, un encuentro que reunió en Barcelona a más de 200 profesionales de la salud mental para reflexionar sobre los nuevos desafíos clínicos en adolescentes y adultos jóvenes.

Mi intervención giró en torno a una pregunta que, cada vez con más frecuencia, atraviesa nuestras consultas y servicios de urgencias: ¿Por qué están llegando tantos adolescentes en crisis? No es una pregunta retórica. Es una realidad asistencial.

Urgencias como contención social

En los últimos años, los servicios de urgencias se han convertido en algo más que dispositivos clínicos: actúan como diques de contención cuando el sistema —familia, escuela, comunidad— no ha podido sostener antes el malestar.

A veces no ingresamos porque no hay patología grave.
Pero tampoco sabemos dónde sostener a ese adolescente.
Y eso también es un problema del sistema.

La puerta de urgencias no puede sustituir a la prevención primaria ni a una red comunitaria sólida. Puede contener la crisis, pero no construir el contexto que la evitó.

No todo malestar es patología… pero tampoco es banal

Vivimos un momento en el que el enfoque biopsicosocial se ha consolidado (y con razón). Sin embargo, corremos un riesgo: diluir el sufrimiento adolescente bajo la etiqueta de “normal evolutivo” o, en el extremo contrario, medicalizarlo prematuramente.

Mi mensaje fue claro: No todo malestar es trastorno mental. Pero que sea evolutivo no significa que sea irrelevante. Normalizar no es minimizar.

El reto clínico consiste en diferenciar entre sufrimiento reactivo y patología estructurada, sin invisibilizar la experiencia subjetiva del adolescente ni reducirla únicamente a biología o únicamente a contexto.

Porque lo biológico no desaparece. Vulnerabilidad genética, neurodesarrollo y ritmos circadianos siguen siendo variables fundamentales. Lo que cambia es que hoy debemos integrarlas con una dimensión que ya no es opcional: el entorno digital.

El entorno digital ya es entorno clínico

No podemos evaluar ansiedad, depresión, ideación autolesiva o alteraciones del sueño sin explorar la vida online del paciente. No es un “extra” social: es el espacio donde se construye identidad, pertenencia, comparación y regulación emocional.

En consulta, incorporar una breve anamnesis digital no es una moda; es una variable clínica estándar, al mismo nivel que el sueño o la alimentación.

Ignorar el entorno digital es hacer una evaluación incompleta.

Lo que no funciona

También abordé intervenciones que, con frecuencia, cronifican el problema:

  • Prescripción farmacológica aislada sin intervención sistémica.

  • Prohibiciones digitales totales como única medida.

  • Altas sin plan de seguridad ni coordinación.

  • Discursos culpabilizadores hacia familias o adolescentes.

El fármaco puede ser necesario. Pero el fármaco no regula lo que el contexto desregula.

Del síntoma al sistema

La propuesta no es sustituir la biología por el contexto, sino ampliar la mirada. Pasar del síntoma individual al sistema que lo sostiene. Evaluar vulnerabilidad, familia, escuela, ritmos biológicos y entorno digital permite formular hipótesis clínicas más integradas y, sobre todo, diseñar intervenciones más eficaces. La clínica no termina en la receta. Empieza en el cuidado, la seguridad y la red de apoyo.

Un mensaje para profesionales:

Si tuviera que resumir mi intervención en una idea sería esta: Acompañar no es silenciar el síntoma, sino comprender el sistema. Ni banalizar. Ni sobrediagnosticar. Ni infantilizar el malestar adolescente. Sostenerlo con rigor clínico y responsabilidad social.

Seguimos pensando, revisando y ajustando la práctica a una realidad que cambia rápido. Porque el sufrimiento adolescente merece algo más que contención de urgencia: merece comprensión y red.

Para mí fue un verdadero honor compartir cartel con profesionales a quienes admiro profundamente, referentes en distintos ámbitos de la psiquiatría. El resto del programa fue igualmente estimulante y enriquecedor, con intervenciones de gran nivel científico que reflejan el prestigio y la solidez clínica de los ponentes. Espacios así no solo actualizan conocimientos, sino que elevan el debate y fortalecen la práctica profesional.

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