Pantallas y TDAH: por qué afectan con más intensidad a algunos niños y adolescentes

Pantallas y TDAH: por qué afectan con más intensidad a algunos niños y adolescentes

Pantallas y TDAH: una combinación que exige más acompañamiento

El uso de pantallas preocupa cada vez más a familias, docentes y profesionales. Móviles, tablets, videojuegos, redes sociales y vídeos breves forman parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes. Pero cuando hablamos de pantallas y TDAH, la conversación requiere todavía más matices.

En una entrevista realizada por Elena Villegas y publicada en ¡HOLA! Padres, abordé precisamente esta cuestión: las pantallas afectan a todos, niños y adultos, pero en los menores con TDAH suelen hacerlo con mayor intensidad. La razón no es que estos niños “se porten peor” ni que las familias lo estén haciendo mal. Tiene que ver con cómo funciona el cerebro cuando hay dificultades para regular la atención, frenar impulsos, tolerar el aburrimiento y pasar de una actividad estimulante a otra menos atractiva.

Las tecnologías digitales ofrecen estímulo constante, recompensa inmediata y una sensación de novedad permanente. Para un niño o adolescente con TDAH, ese entorno puede resultar especialmente potente. Puede ayudarle a engancharse rápido, pero también dificultar mucho la desconexión.

No basta con quitar pantallas

Una de las ideas centrales de la entrevista es que no basta con quitar pantallas: hay que ofrecer alternativas reales.

Muchas veces las familias intentan reducir el tiempo de móvil, consola o tablet cuando el problema ya está muy instalado. Entonces aparecen discusiones, explosiones emocionales, irritabilidad o sensación de pérdida de control. En niños con TDAH, estas reacciones pueden ser más intensas porque la retirada brusca de un estímulo muy gratificante exige una capacidad de autorregulación que precisamente suele estar comprometida.

Por eso es más eficaz anticipar, pactar horarios, usar normas claras y acompañar las transiciones. No es lo mismo decir de repente “se acabó” que avisar antes, ayudar a cerrar la actividad, ofrecer una alternativa concreta y sostener el límite con calma.

Pantallas, sueño y regulación emocional

El problema de las pantallas no es solo el número de horas. También importa cuándo se usan, para qué se usan, con quién se usan y qué desplazan.

Cuando las pantallas ocupan el lugar del descanso, el deporte, el juego no digital, las relaciones presenciales o el tiempo compartido en familia, el equilibrio emocional se resiente. En niños y adolescentes con TDAH, esto puede traducirse en más irritabilidad, más dificultades para concentrarse, peor sueño y menor tolerancia a la frustración.

Por eso una recomendación sencilla, pero muy importante, es que las pantallas no estén en el dormitorio, especialmente por la noche. Dormir bien no es un detalle menor: es una intervención básica en salud mental infantil y adolescente.

¿Las apps pueden ayudar?

No todas las herramientas digitales son iguales. Algunas aplicaciones pueden ser útiles para organizar tareas, estructurar tiempos, usar apoyos visuales o trabajar determinados objetivos. Pero eso no significa que cualquier app anunciada como “educativa” o “terapéutica” sea adecuada.

En menores con TDAH, los recursos digitales pueden tener sentido cuando se usan con un objetivo claro, de forma limitada y dentro de un plan más amplio. No sustituyen la psicoeducación familiar, las adaptaciones escolares, la intervención psicológica, los hábitos saludables ni, cuando está indicado, el tratamiento farmacológico dentro de un abordaje especializado.

La pregunta no debería ser solo “¿esta app es buena?”, sino: “¿para qué la usamos?, ¿durante cuánto tiempo?, ¿qué aporta?, ¿qué está sustituyendo?”

Claves para familias

Algunas medidas prácticas pueden ayudar mucho:

  • Retrasar lo posible el acceso individual a móvil, tablet o consola.
  • Evitar pantallas en dormitorio, comidas y momentos de descanso.
  • Establecer pocas normas, claras y sostenidas.
  • Anticipar los cambios de actividad.
  • Ofrecer alternativas atractivas: deporte, planes familiares, juego, actividades creativas.
  • Cuidar el ejemplo adulto: los niños también aprenden mirando cómo usamos nosotros el móvil.
  • Mantener una relación de confianza para que puedan hablar de contenidos que les incomodan o preocupan.

Acompañar mejor, no culpabilizar más

Hablar de pantallas y TDAH no debería servir para culpabilizar a las familias ni para demonizar la tecnología. Las pantallas forman parte del mundo actual y también pueden tener usos positivos. El reto está en que no se conviertan en el principal regulador emocional, en la única fuente de ocio o en una vía de escape permanente.

Los niños y adolescentes con TDAH necesitan estructura, comprensión, límites y alternativas reales. También necesitan adultos capaces de mirar más allá de la conducta y preguntarse qué dificultad hay detrás: impulsividad, cansancio, aburrimiento, ansiedad, baja autoestima, problemas sociales o falta de recursos para regularse.

Con acompañamiento adecuado, coordinación entre familia, escuela y profesionales, y una mirada menos punitiva y más comprensiva, muchos niños y adolescentes con TDAH pueden desarrollar estrategias eficaces y llevar una vida plenamente satisfactoria.

Puedes leer la entrevista completa en ¡HOLA! Padres:
“Dra. Abigail Huertas, psiquiatra infantojuvenil: Las pantallas afectan a todos, niños y adultos, pero en el TDAH suelen hacerlo con mayor intensidad”.

HOLA Pantallas y TDAH Abigail Huertas

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