APA 2026 en San Francisco: qué aprendí sobre psiquiatría infantil, neurodesarrollo, sueño e inteligencia artificial

APA 2026 en San Francisco: qué aprendí sobre psiquiatría infantil, neurodesarrollo, sueño e inteligencia artificial

Del 15 al 20 de mayo de 2026 viajé a San Francisco para asistir a la Reunión Anual de la American Psychiatric Association. Fueron unos días para aprender, compartir con compañeros y observar hacia dónde se dirige la psiquiatría. También hubo tiempo para conocer la Clínica del Sueño de Stanford y recorrer la ciudad corriendo la Bay to Breakers.

La reunión anual de la American Psychiatric Association, APA 2026, se celebró oficialmente del 16 al 20 de mayo en el Moscone Center de San Francisco. Durante cuatro días y medio, miles de profesionales nos encontramos para revisar avances científicos, debatir nuevas formas de atención y preguntarnos cómo responder a una demanda de salud mental cada vez más compleja. El programa incluyó más de mil trabajos de investigación en formato póster y numerosas sesiones clínicas, científicas y formativas.

Yo acudí con una mirada inevitablemente centrada en la psiquiatría infantil y de la adolescencia, el autismo, el TDAH y las trayectorias del neurodesarrollo. Sin embargo, una de las ideas que atravesó el congreso fue que ya no podemos comprender la salud mental separando de manera rígida la infancia, la edad adulta, la biología, el entorno y la tecnología.

La psiquiatría no está cambiando únicamente porque aparezcan nuevos tratamientos. Está cambiando porque también han cambiado las personas, sus contextos y las herramientas con las que construyen su experiencia y su identidad. Todo lo aprendido, después lo transmitimos a los clínicos españoles en la jornada por CAAP 2026.

Del diagnóstico aislado a la trayectoria de desarrollo

Una parte importante de las sesiones sobre neurodesarrollo y autismo insistió en algo esencial: el diagnóstico no puede entenderse como una fotografía fija.

El autismo, el TDAH, las dificultades del lenguaje, la discapacidad intelectual, el trauma y los problemas emocionales pueden expresarse de manera diferente según la edad, las demandas del entorno y los apoyos disponibles. Una misma persona puede mostrar fortalezas y necesidades muy distintas durante la infancia, la adolescencia y la transición a la vida adulta.

En una de las sesiones sobre evaluación y planificación del tratamiento del autismo a lo largo de la vida se destacó la necesidad de integrar la historia temprana del desarrollo, el funcionamiento actual, las características sensoriales, la comunicación, la autonomía y la posible coexistencia de otros trastornos. No basta con aplicar una prueba ni con reconocer algunos rasgos.

Esto resulta especialmente importante en una época en la que hablamos mucho más de autismo, pero también corremos el riesgo de interpretar cualquier dificultad social, malestar identitario o sensación de diferencia como una categoría diagnóstica cerrada.

El diagnóstico debe ayudar a comprender y a prestar apoyo. No puede convertirse en una explicación total de la persona.

TDAH: eficacia, seguridad y sentido clínico

También asistí a debates sobre el tratamiento farmacológico del trastorno por déficit de atención e hiperactividad, TDAH, incluida la utilización prolongada de estimulantes.

Los estimulantes siguen siendo los medicamentos más eficaces para reducir los síntomas nucleares del TDAH. La discusión no consistía en negar su utilidad, sino en recordar que la prescripción debe revisarse a lo largo del tiempo.

Cuando un tratamiento se mantiene durante años es necesario valorar su efecto sobre el funcionamiento cotidiano, el sueño, la ansiedad, el riesgo cardiovascular y la calidad de vida. También debemos preguntarnos si el problema actual sigue siendo el mismo que motivó la prescripción.

No todo empeoramiento de la atención significa que haya que aumentar la dosis. Un adolescente puede concentrarse peor porque duerme poco, está deprimido, vive una situación traumática, utiliza pantallas hasta la madrugada o soporta unas exigencias académicas que han superado sus recursos.

La medicación es una herramienta. No debe sustituir la formulación clínica ni el conocimiento de la historia del paciente.

Cuando el trauma se parece al TDAH, la depresión o la psicosis

Otro mensaje relevante fue la necesidad de revisar los diagnósticos cuando un caso no evoluciona como esperábamos.

El trauma complejo puede manifestarse mediante inatención, impulsividad, ansiedad, depresión, somatización, disociación o experiencias que parecen psicóticas. En algunos pacientes, la acumulación de etiquetas y tratamientos no resuelve el problema porque nadie ha reconstruido suficientemente lo que les ha ocurrido.

No estoy de acuerdo con la idea de que revisar un diagnóstico signifique invalidar el sufrimiento. Esto es lo que deberíamos hacer en consulta: validar el malestar y, al mismo tiempo, comprobar si la explicación diagnóstica permite comprender la trayectoria completa. El riesgo de limitarse a añadir nuevas etiquetas es aumentar la medicación sin atender el origen o el contexto del problema.

Sueño: el biomarcador que seguimos olvidando

El sueño apareció en distintas sesiones como una variable clínica fundamental y, sin embargo, todavía insuficientemente explorada.

En adolescentes, dormir mal puede empeorar la regulación emocional, la atención, la irritabilidad, la ansiedad y la vulnerabilidad frente a otros problemas de salud mental. Antes de concluir que un tratamiento ha dejado de funcionar o que ha aparecido un nuevo trastorno, conviene saber cuánto duerme realmente el joven, a qué hora se acuesta, qué ocurre durante la noche y qué papel desempeñan las pantallas.

Una de las preguntas que me traje del congreso fue especialmente incómoda: ¿estamos medicalizando en ocasiones a adolescentes privados de sueño?

No significa que todos sus síntomas se expliquen por dormir poco. Significa que el sueño debe formar parte de la evaluación con la misma naturalidad con la que preguntamos por la familia, el colegio, las relaciones o el consumo de sustancias.

Visitar Stanford y conocer a Luis de Lecea

La experiencia del viaje no se limitó al centro de convenciones. Algunos compañeros, de la mano de Rafael Pelayo, tuvimos también la oportunidad de conocer la Clínica del Sueño de Stanford, uno de los centros de referencia internacional en medicina del sueño.

Stanford aborda trastornos como el insomnio, la apnea obstructiva, la narcolepsia, el síndrome de piernas inquietas y otras alteraciones del sueño mediante equipos multidisciplinares. Su División de Medicina del Sueño atiende desde la infancia hasta la edad adulta e integra tratamientos médicos, conductuales y tecnológicos.

Me interesó especialmente observar cómo el sueño se estudia no como un síntoma secundario, sino como una dimensión central de la salud. El Stanford Sleep Health and Insomnia Program trabaja además con tratamientos no farmacológicos para niños y adultos, incluida la intervención conductual sobre el insomnio.

Uno de los momentos más especiales del viaje ocurrió cuando el profesor Luis de Lecea nos recibió en Stanford, nos mostró el campus y compartió con nosotros una comida y una larga conversación sobre sueño, neurociencia e investigación.

Luis de Lecea es profesor de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento en la Universidad de Stanford y una figura internacional en el estudio de los circuitos cerebrales que regulan el sueño, la vigilia y la motivación.

Más allá de su trayectoria científica, me impresionó su cercanía. Nos acogió con enorme generosidad, dedicándonos su tiempo y haciendo que la visita se convirtiera en un verdadero encuentro entre compañeros, más que en una visita institucional.

Poder conversar con él sobre el sueño en un entorno como Stanford reforzó una de las ideas que había aparecido repetidamente durante el congreso: dormir no es una cuestión secundaria ni un simple hábito saludable. Es una función biológica esencial, estrechamente relacionada con la atención, la memoria, la regulación emocional y la salud mental.

Inteligencia artificial y chatbots en salud mental adolescente

La inteligencia artificial aplicada a la salud mental fue otro de los grandes temas del APA 2026. El propio programa destacado de la reunión incluyó intervenciones digitales, inteligencia aumentada y nuevas herramientas tecnológicas para la práctica psiquiátrica.

En varias presentaciones se exploró el uso de chatbots para realizar cribados, ofrecer apoyo inicial y acercar recursos a adolescentes que no llegan fácilmente a los servicios tradicionales.

Uno de los proyectos presentados partía de una muestra de aproximadamente 4.000 estudiantes de seis centros escolares del sur de California. Estudiaba depresión, ansiedad, experiencias adversas, impulsividad, intolerancia a la incertidumbre, conexión familiar y escolar, y barreras para pedir ayuda. La conexión con la familia y la escuela aparecía como un factor protector relevante frente al malestar.

La tecnología puede facilitar el acceso, detectar señales de riesgo y acompañar entre consultas. Pero debemos distinguir entre una herramienta de apoyo y una relación terapéutica.

Un chatbot no conoce realmente la biografía del adolescente, no observa su expresión ni puede asumir por sí solo la responsabilidad clínica ante una situación de riesgo. Tampoco debemos olvidar la privacidad, la seguridad de los datos, los sesgos de los modelos y la tendencia de estas herramientas a ofrecer respuestas convincentes incluso cuando se equivocan.

La innovación merece interés, pero no obediencia.

Redes sociales: pertenencia y riesgo

Las redes sociales aparecieron como un nuevo espacio de socialización, construcción identitaria y búsqueda de ayuda.

Para algunos adolescentes, especialmente los que se sienten diferentes o pertenecen a minorías, internet puede facilitar la conexión con otras personas y reducir el aislamiento. Para otros puede aumentar la exposición al rechazo, el acoso, la comparación constante, las conductas problemáticas o determinados contenidos perjudiciales.

Por eso, preguntar únicamente cuántas horas pasa un joven delante de una pantalla suele aportar poca información. Debemos explorar qué hace, con quién se relaciona, cómo se siente después, qué desplaza de su vida y si ese entorno le ofrece pertenencia o le genera daño.

La tecnología debería incorporarse a la entrevista clínica igual que el sueño, las amistades, la sexualidad, las sustancias o la dinámica familiar.

Perfeccionismo: cuando el valor personal depende del rendimiento

Otra de las sesiones que más me interesó abordaba el perfeccionismo en adolescentes y jóvenes, tanto en el ámbito académico como en el deporte y las redes sociales.

Esforzarse forma parte del desarrollo. El problema aparece cuando el adolescente aprende que su valor depende exclusivamente de los resultados, que equivocarse amenaza sus vínculos o que solo merece reconocimiento si destaca.

El perfeccionismo puede relacionarse con ansiedad, depresión, dificultades alimentarias, alteraciones del sueño y una intolerancia extrema al error. La respuesta no consiste en eliminar la ambición, sino en ampliar la identidad.

Las familias, los profesores y los entrenadores podemos reconocer también la flexibilidad, la honestidad, la amabilidad, la capacidad de reparar, el coraje y la persistencia. Elogiar únicamente la nota, la medalla o el resultado transmite que todo lo demás importa menos.

Ojo, que no pretendo sugerir que haya que impedir que los adolescentes se esfuercen, propongo evitar que lleguen a creer que solo son queridos cuando triunfan.

Psiquiatría de precisión: tratar a la persona, no solamente al diagnóstico

La llamada psiquiatría de precisión intenta identificar características biológicas, cognitivas, clínicas y ambientales que permitan elegir mejor los tratamientos.

La promesa es atractiva: dejar de tratar todas las depresiones como si fueran iguales y reconocer perfiles diferentes de inflamación, cognición, genética, sueño o respuesta cerebral.

Pero la precisión no consiste solo en solicitar más pruebas. También exige precisar la historia, el contexto y la trayectoria evolutiva. Más datos no sustituyen una buena formulación clínica.

La mejor psiquiatría será probablemente la que consiga integrar biomarcadores, experiencia subjetiva, desarrollo y entorno sin reducir a la persona a ninguno de ellos.

Correr la Bay to Breakers con compañeros

El domingo 17 de mayo cambiamos durante unas horas las salas del congreso por las calles de San Francisco y participamos en la Bay to Breakers, una histórica carrera popular que atraviesa la ciudad desde la bahía hasta las proximidades del océano.

La edición de 2026 se celebró el 17 de mayo y mantuvo su recorrido principal de 12 kilómetros, con disfraces, música y un ambiente muy distinto al de una carrera convencional. La prueba se organiza en San Francisco desde 1912 y se ha convertido en una de las celebraciones más peculiares de la ciudad.

Correrla con compañeros fue también una forma de recordar que los congresos no son solo diapositivas, datos y auditorios. Son conversaciones al salir de una sesión, ideas compartidas caminando, cansancio, risas y vínculos profesionales que hacen posible después trasladar lo aprendido.

Lo que me traje del APA 2026

No regresé de San Francisco con una nueva prueba capaz de resolver todos los diagnósticos ni con una tecnología destinada a sustituir la clínica.

Regresé con una convicción más clara: la psiquiatría infantil debe comprender trayectorias, no acumular etiquetas.

Los niños y adolescentes crecen dentro de sistemas familiares, escolares, digitales, sociales y biológicos que interactúan entre sí. Su sueño, sus relaciones, el trauma, las redes sociales, el rendimiento, la identidad y el neurodesarrollo no son piezas independientes.

La inteligencia artificial puede ayudarnos. Los biomarcadores pueden permitir tratamientos más personalizados. Los medicamentos siguen siendo necesarios. Pero ninguna innovación elimina la obligación de escuchar, reconstruir la historia y conocer a la persona que tenemos delante.

Después de varios días escuchando hablar del futuro de la psiquiatría, mi principal aprendizaje fue, paradójicamente, muy clásico:

cuantas más herramientas tenemos, más importante resulta saber para quién, para qué y en qué momento debemos utilizarlas.

                                                       POSTER APA ABI - Psiquiatra infantil y adolescente                                                RAFA PELAYO ROSA GUILLERMO Y ABIGAIL - Psiquiatra infantil y adolescente        CARRERA BAY TO BREAKERS - Psiquiatra infantil y adolescente  

 

                                             LUIS DE LECEA e1784152328857 - Psiquiatra infantil y adolescente

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