De la responsabilidad de las familias hemos pasado a la responsabilidad del diseño
Durante años, buena parte del discurso sobre menores y redes sociales se ha dirigido a los padres: controlar el tiempo, supervisar contenidos, establecer límites, retrasar el acceso al móvil o activar controles parentales. Y sigue siendo importante. Pero en la entrevista planteaba que hay una parte del problema que no puede resolverse únicamente desde las familias.
“No podemos pedirles que compensen ellos solos productos diseñados precisamente para conseguir que permanezcamos conectados.”
Las redes sociales no son simples espacios donde los usuarios publican contenido. También deciden qué vemos, qué nos vuelven a enseñar, qué nos recomiendan y cómo consiguen que sigamos mirando.
El scroll infinito, la reproducción automática, las notificaciones constantes o determinados sistemas de recomendación forman parte de ese diseño.
Y, cuando hablamos de niños y adolescentes, ese diseño también debería formar parte de la conversación sobre protección. En 2024 ya me entrevistaron en Redacción Médica sobre esto.
Una especial vulnerabilidad durante la adolescencia
La adolescencia es una etapa de desarrollo en la que continúan madurando capacidades fundamentales para regular el comportamiento, anticipar consecuencias o inhibir impulsos. Por eso resulta paradójico pedir una enorme capacidad de autorregulación a adolescentes que utilizan herramientas extraordinariamente eficaces captando la atención.
Además, algunos jóvenes pueden ser especialmente vulnerables: adolescentes con TDAH, autismo, impulsividad, dificultades de regulación emocional, aislamiento social o determinados problemas de salud mental. Esto no significa afirmar que las redes sociales sean responsables de todos los problemas de salud mental de los adolescentes. La relación es mucho más compleja.
Pero sí obliga a preguntarnos si los productos digitales que utilizan masivamente los menores deberían incorporar protecciones específicas desde su propio diseño.
Proteger no significa prohibir
Otro de los aspectos que quise señalar en esta entrevista es que este debate no debería reducirse a estar “a favor” o “en contra” de las redes sociales. Las redes también pueden proporcionar a los adolescentes espacios de relación, pertenencia, creatividad, entretenimiento e información.
Por eso, el objetivo debería ser reducir riesgos sin ignorar sus posibles beneficios.
Y también evaluar las medidas que adoptemos.
Una intervención puede parecer protectora y, sin embargo, no producir el efecto esperado o simplemente desplazar a los jóvenes hacia otras plataformas.
Europa ya está actuando sobre las plataformas
La situación estadounidense resulta interesante, pero España no parte de cero.
El marco europeo, especialmente a través del Reglamento de Servicios Digitales (Digital Services Act, DSA), ha comenzado a exigir una mayor responsabilidad a las grandes plataformas cuando sus servicios son utilizados por menores.
El cambio de enfoque es relevante: ya no se analiza únicamente el contenido que circula por una red social, sino también cómo está diseñada esa red, cómo funcionan sus recomendaciones y qué mecanismos pueden favorecer un uso excesivo o compulsivo.
La cuestión deja así de ser únicamente: “¿Qué tienen que hacer mejor los padres?” para incorporar otra pregunta: “¿Qué tienen que hacer mejor las plataformas?”
Una responsabilidad compartida
No creo que haya que elegir entre regulación, responsabilidad empresarial o educación digital. Necesitamos las tres. Las familias siguen teniendo un papel esencial acompañando, hablando y estableciendo límites. Pero educación digital no consiste únicamente en decidir cuántas horas puede utilizar un adolescente el móvil. Implica hablar también de privacidad, sexualidad, convivencia, publicidad, algoritmos, pensamiento crítico, emociones, acoso y de qué hacer cuando algo va mal en internet.
Las administraciones tienen que establecer unas reglas mínimas cuando hablamos de productos utilizados por menores. Y las empresas tecnológicas deben asumir también la responsabilidad que corresponde al diseño de esos productos. Y no lo están haciendo.
Parte de la protección debería venir de serie
Privacidad elevada por defecto, recomendaciones adecuadas a la edad, limitaciones al perfilado de menores, reducción del contacto no deseado o menos mecanismos destinados a prolongar automáticamente el consumo son algunas de las medidas que pueden plantearse. La finalidad no debería ser perseguir a los adolescentes de una aplicación a otra. Debería ser conseguir que los entornos digitales que utilizan sean razonablemente seguros para las personas adolescentes.
Un producto utilizado por niños y adolescentes no debería estar diseñado exactamente igual que uno pensado exclusivamente para adultos.
En otros ámbitos nos parece evidente. En el entorno digital todavía estamos aprendiendo a aplicarlo.
Entrevista completa:
La entrevista fue publicada en Redacción Médica el 14 de agosto de 2026 bajo el título:
“Psiquiatría exige responsabilidad al algoritmo de las redes sociales, no tanto control parental” Lee la entrevista completa aqui
Y si quieres conocer más sobre mi trabajo con adolescentes te invito a leer mi libro: MI LIBRO: SOLO NECESITO QUE ME ACEPTES